Cuando el cuidado marca la diferencia: atención a personas dependientes
En ocasiones, suponemos que vamos a ser capaces de sobrellevar la carga de cuidar y dar atención a personas dependientes. Pero no somos plenamente conscientes de lo que supone a largo plazo cuidar en la vida diaria a personas en situación de dependencia e intentar hacerlo todo solos, sin plantearnos la ayuda de un profesional.
«¿Quién va a cuidar y entender las necesidades y actividades básicas de mi ser querido mejor que yo?», «Al final, nadie le conoce tanto como yo le conozco», son pensamientos recurrentes que tenemos. Nos cuesta soltar, delegar, pedir que nos ayuden y buscar soporte adicional. Y esto nos lleva a sobreproteger a esa persona dependiente, muchas veces justificando nuestra actitud a través del sentimiento de miedo de que nuestro familiar no vaya a estar en mejores manos que en las nuestras.
Los queremos blindar al máximo al verlos vulnerables, pero podemos acabar cometiendo el gran error de que se genere, con esa actitud, una insana dependencia entre la persona en situación de dependencia y quien le atiende, eliminando por completo la poca autonomía personal que pudiera tener nuestro ser querido para las actividades básicas de la vida.
Cuidar representa un peso brutal para los cuidadores familiares principales y la propia familia en general, tanto, que se puede llegar a perder la visión objetiva de la realidad ante la que nos enfrentamos.
Por eso conviene saber que hay diferentes grados de dependencia y no siempre se necesita ayuda en la misma medida. Por ejemplo, hay que tener en cuenta si el grado es moderado o severo, y, si además son personas con discapacidad.


